BREXIT: ¿porqué sucedió y a qué nos enfrentamos?/ Diego Dyszel

BREXIT: ¿porqué sucedió y a qué nos enfrentamos?/ Diego Dyszel*

El pasado jueves 23 de junio se realizó en el Reino Unido el referéndum para decidir la
permanencia dentro de la Comunidad Europea.
Los orígenes que impulsaron la votación que desembocó en el Brexit podemos encontrarlos en
dos circunstancias: aumento del populismo en sintonía con una creciente población de gente
“mayor” menos educada en las periferias de las grandes urbes del Reino Unido; conflictos
sociales y políticos en países subdesarrollados que fomentan importantes corrientes migratorias
en busca de un destino mejor en Europa.
Mientras las encuestas ex ante daban una polarización total del resultado (casi 50/50), algunos
indicadores en el mercado parecían anticipar una victoria del “no”, es decir, no apartarse de la
Unión.
Sin embargo, si bien ajustado, el resultado fue 52% en favor del “sí”, de la salida.
Unos días antes del referéndum, George Soros, quien había ganado una fortuna en el año 1992
apostando contra la libra, dijo que si se imponía la posición que favorecía la salida de la Unión,
la jornada posterior a la votación podía ser un “viernes negro”, pronosticando posibles caídas en
los mercados internacionales. No resultó negro, pero si gris bastante oscuro. La libra esterlina se
depreció un 10% frente al dólar mientras que las bolsas internacionales, los precios de los
commodities, las divisas, bonos, etc., sufrieron también importantes pérdidas.
Y entonces cabe la pregunta de: ¿porqué un referéndum que sólo atañe a Gran Bretaña y su
vínculo con Europa afecta de manera casi sistémica a muchos activos? Las respuestas debemos
buscarlas en las incertidumbres que ha generado esta decisión respecto de los nuevos vínculos
que se empezarán a tejer y los riesgos asociados a esta nueva coyuntura.
El primer impacto fue la dimisión de David Cameron, primer ministro británico, defensor de la
permanencia en la Comunidad Europea, quien declaró “no soy el capitán adecuado para
timonear el barco en estas condiciones”. Claramente el resultado de la votación implica un
fuerte golpe a la estructura de gobierno británica donde ya, tanto Escocia como Irlanda (ambos
países votaron masivamente por la permanencia) han solicitado apartarse del conjunto de países
que integran el Reino Unido (Escocia en particular había querido apartarse un año antes del
Reino Unido, siendo “amenazado” con dejar de pertenecer a la Unión Europea en caso de seguir
adelante con esa idea).
En segundo lugar, la decisión traerá aparejada la necesidad de establecer nuevos vínculos con
los países europeos: desde los convenios comerciales de empresas inglesas en territorio europeo
y aquellas europeas en territorio inglés, hasta el hecho de gestionar nuevos pasaportes y
políticas de migración entre estos países. Las consecuencias que pronostican los economistas
son, entre otras, probables pérdidas de muchos empleos en el Reino Unido, debilidad de la
divisa, recesión, fuertes caídas en los valores de las propiedades y en los precios internacionales
de commodities, etc. Las agencias que realizan los ratings crediticios ya han bajado la
calificación de los bonos británicos de AAA a AA.
Pero el problema no se circunscribe al Reino Unido y Europa. La economía de Estados Unidos
que venía mostrando signos de recuperación, podría verse impactada por la decisión. Janet
Yellen, funcionaria de la Reserva Federal de EEUU, dijo días pasados que la salida del Reino
Unido de la zona europea podría acarrear significativas repercusiones económicas. Por el lado
de los EEUU, tendrán que revisar su plan de incrementar la tasa de interés de referencia en los
próximos meses (algo que ya han hecho a principio de este año) ya que la misma podría
provocar una mayor alza del dólar frente a las demás divisas. Desde la votación, la libra tocó su
menor valor en 30 años frente al dólar.
También las repercusiones llegarán a nuestro país. El gobierno lleva meses trabajando para
generar un mejor clima de negocios y atraer inversores extranjeros. La incertidumbre que se
vivirá en los próximos años producto del replanteo de los vínculos comerciales, laborales,
migratorios, etc., posiblemente retrase la llegada de dichos capitales.
También otras consecuencias que ya estamos viendo son el gran incremento en la volatilidad de
las variables económicas que repercuten en las organizaciones cualquiera sea el lugar en donde
operan. Desde el plano laboral, un mayor desempleo obligará a los gobiernos a otorgar más
planes sociales y a la vez, subsidiar gastos que la gente ya no podrá afrontar.
La caída del consumo podría poner en riesgo los planes de inversión de muchas compañías que
probablemente tomen medidas de “esperar y ver” conforme se van reestableciendo los contratos
internacionales. Asimismo, las primas de riesgo que deberán pagar para asegurar sus
exposiciones se encarecerán debido a la mayor volatilidad a la que se estarán enfrentando.
En los mercados financieros las consecuencias han sido muy evidentes. Según la teoría
estadística el 68% de las observaciones en una distribución normal caen dentro un desvío
estándar respecto de la media. Los eventos que se encuentran en la periferia de esta distribución
se definen por una serie de sigmas que denotan la creciente improbabilidad de que un resultado
se concrete. A medida que el “sí” tomaba fuerza en el recuento de votos, dicha improbabilidad
se materializó, generando –para ciertos activos- aumentos de entre 5 y 18 veces en su volatilidad
histórica. Y esto es riesgo. Lisa y llanamente un aumento exponencial del riesgo.
Cabe esperar un mundo más volátil dado que habrá que ver que nuevos pactos se establecen y
luego, como funcionan. Cameron, que seguirá al frente del gobierno hasta octubre, dijo que
intentará que el proceso de salida sea lo más suave posible. Sin embargo, luego de las elecciones
no será él quien fije las pautas de negociación con los colegas europeos, quienes no están nada
contentos con el Brexit.
Probablemente las negociaciones sean arduas: hay muchas variables en juego y no se pueden
resolver de la noche a la mañana. Es posible que los mercados acompañen este proceso con
fuertes vaivenes de precios.
Si bien las encuestas previas al referéndum no marcaban una tendencia respecto del resultado, el
sentido común hacía pensar que la salida era una mala decisión. Y tal vez lo sea. Pero es la que
ganó.
A partir de ahora empiezan las negociaciones para concretar este divorcio. Seguramente
generarán más incertidumbre en los primeros tiempos, de hecho hay un grupo de políticos
buscando los mecanismos que permitan anular la decisión. A medida que pase el tiempo y
avancen las negociaciones, podremos empezar a vislumbrar la nueva configuración de
relaciones que habrá por un lado, entre el Reino Unido y Europa, y por el otro, entre el Reino
Unido, Europa y el resto de los países. El proceso no será corto: algunos analistas creen que no
llevará menos de 3 años.
El mundo se ha vuelto más volátil y en este contexto nos deberemos mover. Es un tiempo
interesante para pensar cómo anticiparnos al futuro, tomando sabias decisiones que optimicen
las oportunidades y administrando de manera eficiente los riesgos que potencien nuestros
negocios.

*El autor es profesor part time del Departamento de Finanzas desde el año 2015 y fellow del Centro de Gestión de Riesgo e Incertidumbre del IAE.

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